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¿Dejar mi país? ¿Convertirme en inmigrante? No es algo que uno planifique desde niño. Muchas son las razones y ninguna, unos dicen oportunidad, otros calidad de vida y algunos persecuciones políticas. En fin, cada uno tiene sus razones, pero a todos nos gustaría estar en nuestra tierra, esa tierra que nos ha visto nacer y que tan dentro llevamos, esa tierra que es tan difícil de olvidar. Así es la inmigración y cómo siente un inmigrante como yo, al dejar su tierra.

Todo empezó hace ya algunos años, cuando sin querer escuché hablar a varias personas, las cuales comentaban que existían miles de oportunidades laborales con sueldos muy buenos en España. Mientras seguían hablando, la idea de viajar tomaba forma en mi cabeza, sin tener en cuenta todo lo que a uno le puede ocurrir en un país extraño, sin conocidos y a miles de kilómetros de distancia. Sólo tardé 15 días en obtener mi pasaporte (el cual me da derecho a tres meses de legalidad) y un billete.

Mi familia me despidió con mucho dolor y tristeza, pero yo no estaba del todo triste ya que, como dice un dicho español, "las penas con pan son menos". ¡Cuánta razón hay en esas palabras, ya que con la ilusión de este viaje no era capaz de entender como se sentían mis padres!

El viaje fue largo y aburrido. Durante ese tiempo me dediqué a soñar cómo sería mi vida en España. Finalmente pisé suelo español, pero qué equivocado estaba: esto no era "la tierra prometida", ni mucho menos un paraíso, era como mi país pero en grande. Esa no era la única diferencia, me sentía raro, no sé, como si no encajara; la gente me miraba raro: "¿Por qué será? ¿Acaso no soy bienvenido? ¿Qué hago ahora? ¿A dónde me dirijo? Lo primero será descansar en el hostal donde tengo la reserva por tres días, luego buscaré un piso donde vivir y un trabajo."

Empecé a salir por sitios por donde se mueven inmigrantes como yo. Me comentaron que debía comprar el "Segundamano": un periódico que se edita tres veces por semana y donde podía buscar empleo o publicar un anuncio ofreciendome para trabajos como jardinería, limpieza de casa, cuidado de personas mayores y otros muchos trabajos que los españoles no quieren. ¡Qué equivocado estaba pensando y soñando que podría optar a un puesto acorde con mi carrera!

Ya han pasado más de tres meses y sigo sin tener un contrato de trabajo, en mis anteriores empleos y en el actual, no quieren hacermelo, ahora soy "ilegal". Cada vez que hablo con mi madre me dice "Mihijito, regresa, te extraño mucho y no quiero que termines en la cárcel". Yo le respondo: "No se preocupe mamita, no terminaré en la cárcel. Estoy bien y todo me va muy bien. Pronto conseguiré los papeles". Muchas veces tengo que mentirle a mis padres para que no se preocupen.

Sigue pasando el tiempo y ya llevo casi un año como "ilegal". Estoy desesperado, no sé que hacer. ¿A quién puedo pedir ayuda? Casi no conozco a nadie, sólo a compatriotas en mi misma situación. Me viene a la mente esa conversación de los tipos que hablaban de las miles de oportunidades que habían en España... ¿Dónde están? No las veo. Casi con las maletas hechas para regresar a Ecuador, mi actual jefe me da la buena noticia, tendré un contrato de trabajo.

Al final he logrado regularizar mi situación, obtendré un trozo de plástico que me va a permitir quitarme la etiqueta de "ilegal". Por fin las cosas empiezan a marchar bien, ahora puedo viajar a mi país a ver a mi familia. Tendré casi los mismos derechos que cualquier español.

Mi idea era volver a mi tierra en un año o dos, pero según están yendo las cosas creo que me quedaré un poco más. Ya he conocido gente que merece la pena, tengo un trabajo en el que estoy a gusto y, sobre todo, siento que España también es mi tierra.

Alberto N., Noviembre 2005

 
     
 

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